06 May La boda en Alcobendas de Lucía y Pedro
Lucía y Pedro celebraron su boda en Alcobendas (Madrid) el 26 de octubre del año pasado a la una de la tarde. Concretamente, en la iglesia Nuestra Señora de la Paz. Ella ha querido compartir su gran día con todos nosotr@s así que aquí os dejo todos los detalles de esta boda en Alcobendas contados por Lucía, la novia.
El día de nuestra boda en Alcobendas empezó temprano. Los nervios me desvelaron antes de que amaneciera. No quise mirar la hora, pero ya en ese momento sentí cómo en mi cara se dibujaba una sonrisa que ya no se borró en todo el día.
El equipo de maquillaje y peluquería de Xenia Tió llegó a casa a las ocho de la mañana y allí empezaron a prepararnos a mi madre, mi hermana y mi abuela. Un ratito muy especial compartido con ellas, mi familia Nos reímos mucho y hablamos todavía más, mientras intentaban calmarme los nervios entre risas. Después, llegaron mi padre y mi cuñado, y justo después llegaron los chicos de Foto Madriz, haciendo que las mariposas de mi barriga volvieran a notarse.
Empezaron a hacernos fotos mientras acababan de retocarme el maquillaje. Yo les veía ir y venir, esperando el momento en el que me avisaran para empezar a vestirme. Las ganas que tenía de ponerme el vestido, los zapatos y verme ya con el maquillaje y el pelo listo era lo segundo que más deseaba que llegara. Lo primero, evidentemente, el momento de entrar a la iglesia y ver a Pedro. Pero para eso todavía queda un poco 🙂
Las fotos en casa fueron muy especiales. Con mi abuela, mi madre y mi hermana ayudándome a vestirme, a ponerme los pendientes, el collar y los zapatos. Y cuando mi padre me dio el ramo, ese precioso ramo que me hizo Amanda López Decoraciones, fue el primer momento que sentí nervios de verdad. De los que te hacen temblar las piernas. Pero eran unos nervios de felicidad que nunca antes había sentido.
Y emprendimos el camino a la iglesia. Una vez allí, al bajarme del coche y agarrarme al brazo de mi padre, respiré hondo. Y empecé a oír los acordes de la canción elegida para mi entrada. Tatiana, de Llévenes Eventos, me guiñó un ojo y me dio pie para entrar a la iglesia.
Entre la gente, pude entrever la cara de Pedro y noté cómo las lágrimas de emoción estuvieron a punto de salir. Pero conseguí contenerme, hasta que le vi de frente. Tan guapo con su chaqué, de pie ante el altar, con una sonrisa de felicidad increíblemente preciosa y esperándome. Mirándome de esa forma tan especial que me hace sentir indestructible.
Cuando me acerqué, me dio un beso en la mejilla, me agarró la mano y temblando me dijo que estaba increíblemente preciosa. Le sonreí nerviosa, casi como en nuestra primera cita, pero segura como nunca de lo que estábamos a punto de comenzar.
Y, entre canción y canción del grupo musical, Alborada, llegó el momento del sí quiero, los anillos y las arras. Con una homilía preciosa y divertida hecha por un amigo de la infancia de Pedro, que no pudo escribir algo más especial y personal para nosotros.
Cuando terminó todo, me agarré fuerte al brazo de mi ya marido y empezamos a caminar juntos hacia la salida. Fuera, todos nuestros amigos y familiares estaban esperándonos, haciendo preciosas pompas de jabón. Salimos, nos gritaron un «vivan los novios» y empecé a escuchar una gaita y un tambor. Una sorpresa de mi madre para recordar a mi abuelo, asturiano. Una tierra qeu por cierto tengo y tendré siempre mi corazón. Ahí sí que no hubo manera de frenar las lágrimas. Felicidad plena con toda la gente que queríamos a nuestro alrededor.
Después de una sesión de fotos en los alrededores del Club de Golf RACE, llegamos al cóctel al ritmo de Bruno Mars, brindamos con champán y empezamos a disfrutar ya sin nervios de la parte más divertida de nuestra boda.
No dejamos de hablar, reír, cantar y bailar hasta casi las dos de la mañana. Doce horas muy, muy especiales de comida, bebida, amigos, familia y amor.




















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