27 May La boda de Rocío y José en la Hacienda Majaloba (Sevilla)
Hoy os traigo una boda celebrada en Sevilla, concretamente en la Hacienda Majaloba. Es la boda de Rocío y José contada por ella misma. Que por cierto, ellos se casaron en la misma iglesia que yo, en Santa María la Blanca. Ahí tenéis su bonito día.
¿Cómo se conocieron?
Nos conocimos en Madrid hace casi 4 años. José acababa de aterrizar (literalmente) de Toulouse (ciudad en la que había estado viviendo dos años) para recuperar su residencia en Madrid y tratar de, poco a poco, volver a su tierra (Sevilla). Yo, Rocío, madrileña de pura cepa, vivía desde hacía 3 meses en Sevilla y subí en el puente de Andalucía a ver familia y amigos. Ese día nos conocimos en la barra de un bar del barrio de Ponzano mientras tomábamos cervezas con amigos. Simplemente, nos cambiamos los teléfonos y el tiempo y el destino hizo todo lo demás.
Con los meses, José se trasladó por trabajo a Sevilla y eso hizo que la relación se forjara. Dos años después, en un viaje a Cuba coincidiendo con mi 30 cumpleaños, el me regaló «una pedida» en la plaza de la Catedral de la Habana. Desde entonces, supimos que el ritmo cubano tenía que estar presente el día de nuestra boda.
La novia
Nos casamos el 7 de septiembre de 2019 en la Iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla. Esta Iglesia siempre nos había gustado por su tamaño reducido, todo el encanto y la historia que guarda. Yo dormí y me vestí en Las Casas de la Judería. Antiguas casas, hoy convertidas en habitaciones de hotel, que pegan a la Iglesia y de allí salí andando a la Iglesia.
Para el vestido, conté con un diseño a medida de Panambi. Consiguieron calcar a la perfección la idea que tenía en mi cabeza, algo muy sencillo pero con toques propios. Los zapatos eran de Salo, un regalo de mi hermana. Todas mis amigas se habían casado con ellos y me habían hablado de lo cómodos que eran. Efectivamente, no pude elegir mejor. Color vino con remate en bronce viejo y tacón ancho.
El ramo tenía claro que sería de Cártamo. Siempre he admirado su trabajo y soñaba con llevar uno. Me siento súper atraída por los tonos vivos así que le di un toque con las proteas y quería incluir en blanco alguna flor que pareciera Azahar. Por aquello de casarnos en Sevilla y porque las invitaciones y papelería de la boda nos las habían pintado personalmente en acuarela con motivos de azahar y naranjas. La encargada de diseñar nuestras invitaciones y papelería es Maraquela Watercolor. Me fascinaba lo que hacía en acuarelas y le sugerí hacer algo personalizado para nosotros. ¡Fue una gran elección!
Cuando me trajeron el ramo la sorpresa es que no venía solo, le acompañaba otro que me enviaba una amiga (la misma que había hecho de madrina de confirmación meses antes). ¡Grata sorpresa!
Del maquillaje se encargó Nuria Villa, excepcional profesional que hace seguimiento de tu piel desde el minuto uno. No pudo transmitirme más tranquilidad y tuvo un par de regalos personales que guardo con mucho cariño.
Los pendientes fueron un regalo de mis suegros. Diamantes de la joyería Abrines hechos a mano y personalizados para conseguir que los de los agujeritos pequeños fueran iguales.
Por otro lado, las niñas de arras iban de Lunatta. Es una marca sevillana que hizo a medida los tres vestiditos. La más especial era mi sobrina, de solo 15 meses con la que tengo un feeling especial. Queríamos que nos hubiera dado los anillos en la misa, pero no conseguimos que para la fecha del enlace andara y, para colmo, se quedó dormida toda la misa.
El novio
El novio iba de Tom Black, con chaqué y camisa hechas a medida. La corbata y tirantes eran de Gamberi y los gemelos fueron un regalo de sus padres cuando cumplió los 30 y eran de MontBlanc. El reloj del novio fue un regalo de mis padres que estrenó el día de la boda.
El día antes de la boda le di a la tía de José un regalo para que se lo diera a él la mañana siguiente cuando ya se hubiera vestido. Era un pañuelo de tela de Villalegría en el que se leía bordado: «todos los días de mi vida». ¡Le hizo mucha ilusión! A mi padre, cuando llego a mi habitación le regalé otro que ponía: «Este será nuestro mejor paseo».
En la misa nos acompañó un tenor, un violín y un piano. Elegimos con mucho detalle las canciones (no nos permitían que no fueran religiosas) y entre ellas sonó el Ave María para la entrada de la novia y O Sole Mio. La gente se quedó boquiabierta en ese momento para el casamiento. Decidimos acabar la misa siendo nosotros los que diéramos las gracias a todos los invitados. Para ello, preparamos unas pequeñas palabras que terminé de perfilar la misma mañana y pasándole a José por Whatsapp para que lo leyera en casa un par de veces.
Mi hermana estaba impresionante, ¡embarazada de 8 meses aguantó como una campeona! Un pilar fundamental, además de la familia, son mis amigas intimas que llegaron a la habitación con una botellita de champagne mientras terminaba de vestirme.
Las fotos las hizo Couche Photo pero tuvimos que decidirnos a contratar una postboda realizada por Rocío Aguado porque el día de la ceremonia hizo un calor horrible. Mucho bochorno hasta el punto de que acabó lloviendo a última hora de la tarde durante la barra libra mientras actuaba el grupo de Los Hermanos Domínguez. ¡Fue gloria para los invitados que se vinieron aún más arriba con el agua! ¡Menos mal!
Para la postboda volvimos a confiar en los mismos profesionales para maquillaje, peluquería y ramo. La experiencia con Rocío Aguado fue increíble. 100% recomendable.
La celebración en la Hacienda Majaloba
Siguiendo con el banquete, lo celebramos en la Hacienda Majaloba. La Hacienda Majaloba está rodeada por un gran cultivo de naranjos, de ahí también los motivos de las invitaciones. El catering era de Campuzano, no pudimos elegir mejor. Nos ayudaron y aconsejaron con todo haciendo ese día inolvidable y recordado a posteriori por los invitados gracias a su servicio.
El aperitivo fue en los jardines de la Hacienda donde el grupo Son de Cuba lo amenizó. Pusimos una Food Truck con el nombre del bar donde nos conocimos, en la que sirvieron mojitos y mini Gin Tonics. No daban abasto, la gente estaba arriba con los cubanos. Pusimos sombreritos cubanos para pasar mejor el calor y a la entrada del aperitivo había unas flechas que hicimos nosotros mismos donde indicaba los sitios por los que habíamos pasado desde que nos conocimos. Los meseros (en madera) también los hicimos nosotros. ¡Me encanta la restauración y el bricolaje!
Las flores y centros son de Dtallo. A ellos les pedimos que en la zona de la escalera con los meseros y las mesas de aperitivo hubiera algunos canastos con naranjas para simular la recogida de la misma y conectar con la papelería de la bosa y el entorno. La Hacienda Majaloba quedó muy bonita decorada por ellos.
Fin de fiesta
Al final de la comida, quisimos sorprender a los invitados y hacer algo diferente. Al fin y al cabo no podíamos estar más agradecidos de tenerles a todos allí. Nos levantamos con la copa antes del postre al ritmo de «Brindo por las mujeres» de Los Rodríguez. Le di a mi sobri (se lo entregué a mi hermana) el ramo y nos fuimos por todas las mesas brindando con cada grupo de invitados. ¡Fue uno de los mejores momentos!
Para las luces, música y DJ contamos con Staffsound. La entrega de Los Hermanos Domínguez fue absoluta, ni la lluvia les paró. Otro momentazo fue cuando subió el novio de manera improvisada a cantar «esa mujer». Nos quedamos todos con la boca abierta. ¡Yo casi muero de amor!




























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